Es su turno. ¿Qué pidió aquella tarde? Un caramel macchiato
pequeño. La camarera que la atiende sonríe al oír el pedido, el mismo
que entonces, y apunta su nombre en un vaso. La chica tamborilea con los
dedos sobre la barra y mira el reloj. Las cuatro y trece minutos. ¿Y si
no se acuerda de que ha quedado con ella?
—Aquí tiene, Paula —le dice la chica entregándole su café con vainilla y caramelo—. Que pase un buen día.
—Gracias. Igualmente.
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